En la actualidad muchos docentes han
encontrado las respuestas idóneas y
nuevos descubrimientos de la neurociencia que han de ser útiles y aplicables dentro de las aulas de clases para lograr un mejor aprendizaje. Por ello, en
este espacio se hace mención significativa e innovadora sobre las enseñanzas
que los educadores del Siglo XXI deben aprender, entre las cuales destacan las
siguientes:
- Efectividad de la instrucción aumenta cuando el contenido se presenta no sólo de manera verbal, sino también de manera no verbal (gráficos, imágenes, entre otros), es decir, poner en práctica o en desarrollo los hemisferios izquierdo y derecho.
- Llevar a cabo en el aula una estrategia instruccional mixta, que permita a los estudiantes hacer uso de los pensamientos visual y espacial, es decir, desarrollar y despertar el interés por el uso y aplicabilidad de la teoría biohemisférica.
- A través del proceso interactivo que ocurre en el aula de clases en cada jornada diaria entre los principales actores del hecho educativo, se tiene que desarrollar un sistema de instrucción integrado, tomando en consideración diferentes áreas del cerebro: el reptiliano, el límbico y la neocorteza, conocida en su mayoría como la Teoría del Cerebro Triuno.
Por
consiguiente, se puede establecer un claro ejemplo es que los sentimientos y el aprendizaje son
inseparables, ya que en el aula de clases si un niño golpea a otro, éste se
sentirá con rabia, furor e ira, por tal motivo, es evidente que el niño
golpeado experimentará una interferencia emocional en su intento por aprender.
Por ello, se recomienda tanto a los docentes como estudiantes mantener una interacción armónica, agradable
y emocionalmente cálida.
En
ese sentido, poner en práctica dentro del aula de clases la teoría del cerebro
total sería mucho más enriquecedora ya que permite formar tanto teórica como
metodológicamente a los estudiantes y al personal docente le permite mejorar la
calidad de enseñanza y aprendizaje siempre y cuando se formen en programas de
entrenamiento, donde puedan desarrollar este tipo de teoría cerebral, donde los
docentes puedan combinar cuatro cuadrantes y adquirir nuevas formas de
pensamiento.
Referencia Bibliográfica:
Ranpura, A. (1999). “Education and Neurocience: bringing the gap”
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